
Decía un político honesto que el mundo no necesita de ideólogos, sino de técnicos de la economía e ingenieros políticos. Lo decía un tipo que supo zafarse de las presiones izquierdistas de su partido y de sociólogos como John Kenneth Galbraith y su libro The Affluent Society.
Por mi parte, detesto el dogma, los fundamentos y principios ideológicos. La ideología es la culpable de las guerras, el hambre y los genocidios. Es el infecto pañuelo que venda los ojos del ciudadano y le impide elegir objetivamente.
En la carrera elegí como optativa una irrisoria asignatura llamada “ideologías políticas”. Sin embargo, a pesar del nombre, el programa se centraba en un análisis histórico de las ideologías y el estudio de once libros referentes al socialismo utópico, el marxismo, el revisionismo socialista de Berstein y compañía, el fascismo, nacionalsocialismo, neoconservadurismo, sionismo y las brillante tesis de Saul Alinsky (mentor ideológico de Hillary Clinton y Barack Obama), entre otros temas. A pesar de la prolífica materia no me sirvió para nada. Rectifico: me sirvió para hacer sendos debates en casa de Tino, el filólogo y poeta, al son de la marihuana, los gin tonic y la farlopa. Dejo constancia aquí y ahora que era el único que no me reventaba la nariz con el polvo blanco (sic).
El profesor que impartía la asignatura era Manuel Pastor. Un viejo socialista, antiguo asesor de Felipe González y actual catedrático de Ciencias Políticas. Ahora forma parte del movimiento conservador, crítico acérrimo de Obama y de la izquierda española.
Por mi parte, detesto el dogma, los fundamentos y principios ideológicos. La ideología es la culpable de las guerras, el hambre y los genocidios. Es el infecto pañuelo que venda los ojos del ciudadano y le impide elegir objetivamente.
En la carrera elegí como optativa una irrisoria asignatura llamada “ideologías políticas”. Sin embargo, a pesar del nombre, el programa se centraba en un análisis histórico de las ideologías y el estudio de once libros referentes al socialismo utópico, el marxismo, el revisionismo socialista de Berstein y compañía, el fascismo, nacionalsocialismo, neoconservadurismo, sionismo y las brillante tesis de Saul Alinsky (mentor ideológico de Hillary Clinton y Barack Obama), entre otros temas. A pesar de la prolífica materia no me sirvió para nada. Rectifico: me sirvió para hacer sendos debates en casa de Tino, el filólogo y poeta, al son de la marihuana, los gin tonic y la farlopa. Dejo constancia aquí y ahora que era el único que no me reventaba la nariz con el polvo blanco (sic).
El profesor que impartía la asignatura era Manuel Pastor. Un viejo socialista, antiguo asesor de Felipe González y actual catedrático de Ciencias Políticas. Ahora forma parte del movimiento conservador, crítico acérrimo de Obama y de la izquierda española.
El tipo sostenía lo mismo que yo. Sin embargo, argumentaba que el dogma forma parte del foro interno de la persona y que no podíamos desentendernos de él. Yo no poseo ideología, le espeté.
Claro que la tienes. El rechazo a la propia ideología, constituye de por sí una ideología. El anarquismo y el falangismo, se supone, son una superación de la división derecha e izquierda, pero es una ideología. Me dijo.
Puse una cara de interrogación. Quedé anonadado por su ocurrencia. El mamarracho me había llamado por la cara anarquista o falangista. Es cierto que admiro los axiomas del anarquismo, pero son una utopía. ¿Cómo puede haber orden sin un mínimo de poder estatal? Además, creo en Dios, cosa que no cuadra con el “ni Dios, ni patria, ni amo”.
Por otro lado, es cierto que también admiro a José Antonio, al igual que Ian Gibson. Esto encaja más: desprecio a Franco y la utilización de la figura de Primo de Rivera como pilar del franquismo. Sin embargo, el nacionalsindicalismo es también incoherente. No obstante, también alabo a Alfonso Guerra, Julio Anguita, Nicolás Redondo, Manuel Pimentel, Julián Besteiro… lo que les dignifica no es su dogma, sino su honestidad.
Se puede ser de derechas o de izquierdas, pero, a pesar de ello, hay principios objetivos y universales que escapan al control de la ideología. Por ejemplo, para que una economía funcione se requiere más ingresos que gastos. Seamos keynesianos o neoclásicos esto es así.
Otro principio que escapa al control ideológico y es de sentido común: si queremos un desarrollo humano y educativo se requieren políticas sociales.
Otro más: si quieres la paz, prepara la guerra. El ejército está para luchar y no para repartir compresas, chocolatinas y condones. Aprende de esto, Chacón.
El último: podemos ser socialistas, derechistas, comunistas o nacionalistas, pero hay una convicción digna que nos debe de unir por el bien del país y es la imperiosa necesidad de derribar a Zapatero y a este Gobierno. Y si no se hace, en un futuro los políticos de ahora deberán rendir cuentas.
Tenemos políticos de izquierdas y derechas. Es hora de tener políticos honestos, excelentes tecnócratas e ingenieros del Estado que defiendan el bienestar, la dignidad y la libertad del hombre. Cumplamos la afirmación de Kennedy.
"Las ideologías nos separan, los sueños y la angustia nos unen".
Eugène Ionesco


5 comentarios:
Yo también creo que todos tenemos una ideología, sólo hace falta que alguien le ponga una etiqueta y una definición reduccionista y que otros cuantos se identifiquen con ella. La mía coincide en gran manera con la tuya (sea cual sea la etiqueta que alguien decida ponerle) excepto que soy poco optimista respecto a que derrocar a Rodríguez (no sé porqué le llaman Zapatero) sea una solución, dado que tampoco veo muchos políticos honestos, excelentes tecnócratas e ingenieros del Estado que defiendan el bienestar, la dignidad y la libertad del hombre en el panorama político actual.
Cada mente (pensante, claro) es una ideología. No hay globalizaciones posibles. Creo que afiliarte a un partido es morir en vida.
Obviamente yo si creo en las ideologías pero comparto la mayoría de tus planteamientos. El problema actual es que la gran mayoría usa la ideología en su benefico, es decir, aprenden el lenguaje y lo usan su significado...¿?
Tu crees que L. Pagín sabe de lo que habla cuando habla de ideología? Yo he trabajado como bracero de sol a sol, he trabajo por kilos recolectados, he trabajado por tonelaje, he compartido con otros dos compañeros paja con las cabras por ahorrarnos una pasta...¿Tu crees que ella y yo hablamos el mismo idioma? Estoy con Likuid en lo individual de la ideología, no en lo de morir en vida, si uno se afilia es precisamente para dar vida, si no lo hace es que va por el interés, y si viene por aquí se encontrará con los mios de seguro.
A Pajín le pasa como a Aído. Levantan el puño con una pasmosa facilidad.
Al igual que muchos. Los mismos que dejaron encerrado en el ascensor a Tierno Galván para que no se le oyera criticar el abandono del marxismo como fuente ideológica del PSOE.
Quien les ha visto y quien les ve.
Salu2
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